Plaza del Palacio s/n

44100 Albarracín (Teruel)

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Introducción al programa cultural 2011

Los pueblos nacen, viven y, por desgracia, mueren cuando las circunstancias son adversas, cuando se quedan obsoletos, cuando se abandonan. Esto sucede aún en el caso de haber sido una población esplendorosa en otros tiempos, como lo fue Albarracín en la Edad Media, aún cuando sus vestigios arquitectónicos sean tan interesantes como aquí lo son, e incluso aunque se pueda gozar, todavía, de espacios naturales casi vírgenes, como es el caso.

Albarracín se quedó obsoleto para la vida del siglo XX y aún más para la del XXI, especialmente su casco antiguo. La gente no se mueve solo por sentimentalismos, así que se fue al llano y dejó las empinadas cuestas de este lugar que, paradójicamente, nació como una fortaleza para evitar invasiones. Las murallas, cuando no defienden a nadie, se convierten en piedras apiladas, piedras con pasado, eso sí. Piedras para la memoria. Afortunadamente, existe gente que cree que la memoria sirve para avanzar y que la belleza de un lugar puede inspirar.

La belleza de Albarracín es evidente: yo estuve aquí dando una conferencia, en junio pasado, en el curso que imparten desde hace unos años Isidro Ferrer y Carlos Grassa, y me pareció un lugar mágico. Su fortaleza, el trazado de las calles, la arquitectura popular y la arquitectura religiosa, la peña, la altura física del pueblo, el azul puro de sus cielos, las noches estrelladas, el aire limpio que parece que te pone bueno con solo respirarlo… Esa belleza no se queda obsoleta si se llena de contenido, si se le busca una razón para existir, si se revitaliza.

Una rehabilitación nunca es suficiente si no va acompañada de un proyecto de futuro, como el de la Fundación Santa María de Albarracín. Es un proyecto que dinamiza el espacio, le da vida, lo hace autosuficiente, no tan esclavo de gobiernos y subvenciones, y le imprime un carácter “cultural”. Porque la cultura es lo que hace latir el corazón de Albarracín. Aquí no solo hay instalaciones idóneas para actividades culturales, sino que hay actividades culturales.

Mi experiencia del año anterior me permitió ver que el curso que se impartía tenía ya recorrido, que alumnos y profesores estaban en contacto directo, que todo estaba muy bien organizado, por eso hay alumnos que repiten. Ese formato tan estructurado te hacía sentir libre. Aquí es fácil aislarse del mundo para reflexionar sobre él pero también es fácil comunicarse con los están aquí.

Albarracín es un lugar perfecto para realizar actividades creativas que revierten en la rehabilitación del pueblo. En un mundo lleno de círculos viciosos, es un placer y un alivio saber que hay lugares donde se ha logrado crear un círculo virtuoso.

Javier Mariscal