Albarracín: La Fundación, patrimonio e historia

En la historia de la humanidad diez años es muy poco tiempo; en la historia de una persona, diez años es mucho; en la historia de una fundación, diez años puede ser todo un mundo, o la nada. Cumple la Fundación Santa María de Albarracín diez años venturosos y plenos. Con la perspectiva del historiador, la tarea desarrollada en sólo dos lustros abruma. Cursos de todo tipo, encuentros, seminarios, reuniones, congresos, pero también libros, conciertos, teatro, y además restauraciones, puesta en valor del patrimonio, difusión de la cultura, presencia en foros nacionales e internacionales, premios, reconocimientos. Diez años después, y como director de uno de los cursos pioneros de la Fundación, he asistido a la conversión de Albarracín en un referente ineludible en dos aspectos esenciales de lo que se ha dado en llamar “la modernidad”: la pasión por la recuperación del patrimonio cultural y la obsesión por el trabajo bien hecho.

Albarracín jamás ha dejado a nadie indiferente, y desde hace diez años, Albarracín –y en ello tiene la Fundación mucha responsabilidad- empapa a cuantos la visitan de una sensación de asombro. Porque sin perder la magia que siempre ha rodeado a esta ciudad de maravillas, el viajero más exigente se encuentra con la satisfacción de que se está desarrollando una labor exquisita, con el respeto que el buen hacer de los seres humanos merece. La Fundación tuvo claro un modelo de desarrollo cultural; ahora, es un ejemplo. Enhorabuena.

 

Jose Luis Corral

 

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