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    Visita Albarracín

    Viendo como, durante todos estos años, se sigue revitalizando Albarracín de un modo sistemático y progresivo no puedo por menos de recordar la memorable frase “El patrimonio de antaño son las rentas de hogaño” que tanto repetía el recordado Don Enrique Fuentes Quintana cuando era Presidente de la Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Casualmente, cuando este personaje promovía Los Pactos de la Moncloa realizamos un seminario titulado “El Patrimonio, una riqueza a conservar, difundir y explotar”. En aquel tiempo, a la vista del olvido y del deterioro del patrimonio histórico-artístico y de los conjuntos históricos y centros urbanos, se empezaron a alzar voces a favor de la rehabilitación de monumentos y conjuntos proponiendo su conservación y puesta en valor.

    Entendíamos también que el patrimonio era un enorme yacimiento de formación y empleo y que su puesta en valor ofrecía una gran oportunidad para que nuevas generaciones de jóvenes licenciados y artesanos de los más diversos oficios encontraran en revitalización no solo un medio de vida sino sobre todo un espacio en que mostrar sus habilidades y destrezas, ejercer su vocación, conseguir su realización y desarrollo personal y poner en marcha nuevos modelos de promoción cultural y de desarrollo económico y social en espacios y lugares hasta entonces impensables.

    Así surgieron las Escuelas-Taller que en pocos lugares fueron tan útiles y eficientes como lo fue la que puso en marcha Antonio Jiménez en Albarracín. Bien es cierto que Albarracín llevaba muchos años de adelanto gracias a la encomiable labor de protección, conservación y promoción que realizó Don Martín Almagro felizmente prolongada por sus sucesores. Merced a este primer impulso, a la acción sostenida de la Escuela-Taller durante varias décadas, y a la puesta en marcha de un potente soporte institucional como es la Fundación Santa María de Albarracín en que participan las instituciones y personalidades más representativas de la región, se ha conseguido el milagro de pasar de la rehabilitación a la revitalización de tal modo que a las labores de recuperación patrimonial se han sumado un conjunto de actividades culturales y de carácter social que llenan de vida y de contenido los espacios monumentales y urbanos recuperados. Y comoquiera que los usos culturales que a lo largo de estos años ha propuesto y sostenido la Fundación Santa María son totalmente acordes con los espacios en los que se realizan, los frutos económicos y sociales que de ellos se derivan saltan a la vista.

    Lo más destacable y el resumen de todos los logros es el hecho incontrovertible del “Modelo Albarracín”. Albarracín es no solo un modelo, sino un paradigma. No solo como modo de hacer, de actuar, de programar y de realizar, sino también como modelo de gestión y de promoción.

    Viendo lo conseguido en Albarracín no puede uno por menos de lamentarse de los destrozos, las actuaciones irreversibles y las oportunidades perdidas por tantas villas y ciudades de nuestra geografía que han visto, entre la indiferencia y la complacencia, el “sacrificio” de sus monumentos, conjuntos o entornos en la creencia de que el desarrollo estaba reñido con la conservación de la historia y del patrimonio y por este motivo nos parece tan importante el progreso del “Modelo Albarracín”, ya que ha demostrado, de modo palmario, que patrimonio y desarrollo no solamente no son antagónicos sino que, antes al contrario, en muchos lugares la única posibilidad de desarrollo es la conservación y animación del patrimonio como viene haciendo Albarracín durante muchos años demostrando que el patrimonio de antaño son las rentas, la imagen y el orgullo de hogaño.

    Por todo ello felicito a la ciudad de Albarracín, a la Fundación Santa María de Albarracín y las personalidades e instituciones que la sustentan y a Antonio Jiménez, y les animo a seguir progresando en sus actividades y sirviendo de muestra a otros e instituciones que andan buscando referentes y modelos de desarrollo para sus comarcas, pueblos y ciudades.

    José María Pérez – PERIDIS

     

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