Catedral de Albarracín

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La Catedral es el monumento más importante de la ciudad, enriquecido por los importantes hallazgos encontrados en su reciente restauración. Se tiene constancia que este edificio se construyó en la primera mitad del siglo XVI, comenzando por el coro y la cabecera, que caen literalmente enfrentados hacia el foso del Guadalaviar; el cuerpo central lo levantó Pierres Vedel entre los años 1556 y 1560. A esta época renaciente pertenecen las impactantes decoraciones rescatadas de las capillas de la Inmaculada, y la recién descubierta capilla de la Circuncisión, con grisallas que representan diferentes escenografías religiosas pintadas sobre un incisivo despiece mural. A esta mismo siglo pertenecen su impresionante Retablo Mayor, y también el de San Pedro, este último en madera sin policromar, atribuidos a Cosme Damián Bach.

Las obras también descubrieron restos de origen medieval en las capillas laterales de la epístola. Mientras en la capilla de Santa Ana, contigua al presbiterio, aparecieron restos arquitectónicos en piedra tallada (un interesante arco solio y un par de ventanitas abocinadas), en la capilla de Bautismo, junto al coro, son de naturaleza pictórica, representando un magnífico descendimiento.

La Catedral fue redecorada en el siglo XVIII. Es la actual ambientación pictórica que presenta hoy el cuerpo principal del monumento, descubierto bajo el anodino despiece grisáceo que tenía antes de su intervención. En tonos muy coloristas y contrastados por tramos, pintaron las nervaduras de las bóvedas, que a través de las sencillas filigranas geométricas de las pilastras, conectan con los fingidos zócalos de mármol que recorren la nave central. De esta época es también la impactante capilla del Pilar, con su exuberante retablo barroco, y las grandes pinturas tenebristas que presiden los cuatro retablos de los muros laterales.

La Catedral, junto con su claustro y el Palacio Episcopal, constituyen el complejo religioso más importante levantado en el centro de la ciudad. Son estos los símbolos arquitectónicos más destacados de la vetusta Diócesis de Albarracín, que perdura desde el medievo hasta la actualidad, administrada en su última etapa por la Diócesis de Teruel. Podemos decir que mientras el viejo palacio fue el punto de partida de la actividad restauradora de la Fundación Santa María de Albarracín, la Catedral ha sido casi su último eslabón de entidad ejecutado. En ambos casos los resultados han sido francamente satisfactorios, en atención a la importancia de la regeneración histórica que se ha abordado, y que viene a evidenciar su influyente paralelismo histórico con el conjunto de la ciudad, como no podía ser de otra manera.

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