Comienza la restauración de la Ermita del Carmen.

Ha comenzado la restauración de la Ermita del Carmen de Albarracín, un pequeño monumento del gran paisaje circundante de la ciudad, y que da nombre al barrio noroeste de la localidad, a través del cual se accede. A unos quinientos metros de la ciudad, por un viejo y empinado camino se llega a este formidable mirador, desde el que se puede observar uno de los grandes  paisajes de Albarracín. Constituye parte del paisaje circundante de la  localidad, por estar encaramada en la pronunciada ladera sobreelevada que bordea el meandro en el que se sitúa Albarracín, sobre las calizas casi desprovistas de vegetación, con tan sólo escasas manchas de pequeño sabinar salpicando los niveles rocosos, que caracterizan la zona árida que rodea al núcleo histórico.

Es una ermita  posiblemente reconstruida en el siglo XVIII, por el Obispo José Molina Laríos, como aparece escrito en uno de los azulejos de su atrio de entrada. Consta de tres ámbitos sucesivos  que van desde el ya mencionado atrio parcialmente cerrado, que da acceso a la nave cubierta de bóveda con lunetos, y rematada en su frontis con una considerable cúpula, apoyada en pechinas, en cuyo muro de cerramiento vertical se encuentra el único retablo existente, de advocación , claro está, a la Virgen del Carmen;  el último cuerpo trasero corresponde a la sacristía y al acceso al pequeño campanario.

Su aspecto interior deja mucho que desear. Ha sido repintado en varias ocasiones, como demuestran las numerosas lagunas originadas por el levantamiento de las capas más superficiales. Por otra parte ha tenido grandes filtraciones de agua por lluvia y por capilaridad en los muros, que han propiciado este considerable deterioro, y que se manifiestan muy claramente en el ámbito de la sacristía-campanario. El retablo y la imagen principal, posiblemente del siglo XIX, no parecen estar muy deteriorados a simple vista.  Destaca su pequeño campanario con dos huecos en los que se insertan sendas campanas de finales del XVII, y otra de principios del XX.

Los trabajos abordados en esta primera fase corresponden a la restauración de las cubiertas y , a ser posible, del perímetro inmediato del monumento, drenando las aguas de lluvia de sus entorno. Hemos de insistir en el lamentable estado de su tejado, con faltantes de cerámica, corrimientos continuos por algunos deslizamientos,  y desuniones de los muchos niveles de tejado que tienen en sus 130 metros de cubierta de teja tradicional. Su pésimo estado y la complicación del mismo, nos obliga a limitar el nivel de intervención exterior, previsto para este año con una partida inicial de 40.000 €. 

Cabría la posibilidad, si el patronato lo considera, que pudiéramos intervenir  en sucesivas fases anuales hasta completar no sólo la ermita, si no actuar también en su característico entorno, salpicado de un vía crucis y de un peirón, dedicado a San Pascual Bailón, por la importancia del paisaje con el que se identifica.