Museo diocesano

Museo Diocesano

** Información de especial interés | Condiciones de la visita **

El origen de la Diócesis de Albarracín se remonta a la Edad Media, en torno al año 1170, cuanto la taifa de Albarracín pasa a D. Pedro Ruiz de Azagra, quien la vertebra como señorío independiente, ahora cristiano. Así comienza la peculiar historia de esta Diócesis y en consecuencia de las principales construcciones que la referencian: su Catedral y el contiguo Palacio del Obispo. Mientras la actual Catedral se construye en el siglo XVI, completándose su fisonomía mueble en los periodos posteriores, la residencia del Obispo es casi en su totalidad, del siglo XVIII.

El Museo Diocesano en particular, se situa en las dependiencias nobles y domésticas de este antiguo Palacio Episcopal. A él se accede por la escalinata principal de la Catedral, a través de su claustro.

Este Museo posee en primer lugar, un gran interés histórico y arquitectónico. Puesto que ocupa los espacios originales del viejo palacio, constituye una magnífica ejemplificación del modo de vida diocesano de la época, recorriendo los habitáculos originales, en los que además se presenta adecuadamente, lo más destacado del arte sacro de esta Diócesis.

Con su remodelación se ofrece en la primera sala de Mayordomía una introducción histórica, con elementos tan destacados como el excepcional pez de cristal de roca del siglo XVI, entre otras piezas sobresalientes. Siguiendo el recorrido se pasa a la antesala y salón del trono, en las que cuelga la sorprendente colección de tapices flamencos del siglo XVI. Si bien desde la antesala se accede a un pequeño oratorio en el que se expone parte de la riquísima colección textil, el salón principal desemboca en la excepcional capilla barroca del obispo, así como en su antecapilla y biblioteca-alcoba, en la que se ha dispuesto la pintura más antigua, y una selectiva colección de orfebrerías. A través de la pintura recorremos su alcoba privada y despacho original. El resto de las habitaciones son el comedor, vajillero y cocina, en las que se exponen diferentes esculturas, y los restos de su pasado esplendor musical, posibilitando alguna audición.

Constituye un verdadero deleite, que nos ayuda a comprender en su conjunto, la significativa posición histórica de Albarracín.