El curso de paisaje de Albarracín concluye con un intenso trabajo de campo en torno al río Guadalaviar

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Durante esta semana, arquitectos paisajistas, historiadores, geógrafos y gestores de patrimonio han estudiado y analizado el paisaje fluvial y su patrimonio hidráulico.

Que el río es el elemento vertebrador de Albarracín, es un hecho incuestionable. Es la acción del agua la que ha modelado el paisaje de la ciudad y su entorno a lo largo de miles de años. En esta edición del Curso de Paisajes Culturales de Albarracín, financiado por el IPCE, ese ha sido el tema central: el paisaje del río Guadalaviar. Bajo la dirección de Ana Almagro Vidal, doctora arquitecta y Patricia Hernández, doctora arquitecta y paisajista, este curso aplicado ha puesto el foco en el análisis de las debilidades y amenazas que enfrenta el paisaje de la ribera de la ciudad, apreciando también sus fortalezas y oportunidades.

Los dieciséis alumnos participantes en el curso que comenzó el día 29 de abril y ha terminado hoy viernes 3 de mayo, han creado grupos multidisciplinares de trabajo que han centrado su estudio en el entorno del río, en los dos ámbitos claramente diferenciados por su orografía: el cañón y la vega, con características diferentes a nivel geológico.

A lo largo de los siglos la acción del hombre siempre ha estado ligada a la 'domesticación del agua'. Históricamente, su manejo ya aparece mencionado en documentos medievales, como el Fuero o la Comunidad de Regantes. Albarracín dispone de patrimonio hidráulico de tradición islámica. El casco histórico disponía de elementos como fuentes o aljibes, que garantizaban la supervivencia de la población, aprovechando los recursos hídricos en momentos de necesidad o de asedio. La vega era la zona de 'despensa' de la que se abastecía la población, con una red hidráulica que regaba los huertos, estructurando el territorio. Estructura que ha llegado a nuestros días: caminos, acequias, puentes, norias,… elementos que forman parte inalienable del paisaje y del territorio, y que se están perdiendo sobre todo por el desuso, pero también por el desarrollo urbanístico, la masificación turística y la proliferación de áreas de aparcamiento.  

Los participantes proponen seguir una línea de trabajo que persigue preservar la vega, el entorno de río y sus dos acequias, junto con toda la infraestructura vinculada al manejo del agua, involucrando y sensibilizando a la población local, con el fin de poner en valor esta zona que, aunque se encuentra fuera de la línea de protección, forma parte inalienable del patrimonio histórico y cultural de Albarracín.  

Además, los asistentes han tenido la oportunidad de conocer y profundizar el ejemplo de la candidatura recientemente nominada a la Lista de Patrimonio Mundial, el paisaje de la Ribeira Sacra en Galicia, gracias a las intervenciones de Mario Crecente, coordinador de dicha candidatura, y de M.ª Carmen Martínez Insua, Directora General de Patrimonio Cultural de la Xunta de Galicia.

El caso de Ribeira Sacra refleja un profundo compromiso por conocer exhaustivamente su propio legado: desde sus tradiciones hasta su actividad industrial y agrícola, pasando por sus sistemas constructivos tradicionales. Todo ello ha sido meticulosamente estudiado, analizado y documentado, y a partir de esta información recopilada, se han identificado las necesidades para preservar tanto su patrimonio material como inmaterial. Lo más destacable es que este proceso ha sido liderado por la comunidad local, involucrando a viticultores, residentes y todos los actores locales en un esfuerzo conjunto para poner en valor este patrimonio. La candidatura ha sido más que un proceso administrativo; ha representado un profundo ejercicio de comprensión y valoración, articulando esfuerzos con las autoridades para crear un plan de gestión que permita un control descentralizado, mitigando así la amenaza del turismo masivo. Este enfoque resalta la importancia de la revalorización desde la base y la declaración del territorio como Bien de Interés Cultural.  

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