Rotundo éxito de los Cursos de Restauración y Conservación para técnicos

Estos cursos anuales, que viene organizando la Fundación Santa María de Albarracín en colaboración con el INAEM (Instituto Aragonés de Empleo), y el IPCE (Instituto de Patrimonio Cultural de España), tienen una gran demanda y repercusión. Recordamos que se organizan para diez técnicos en restauración, sin embargo, en la mayoría de los cursos, salvo raras excepciones, se han superado las veinte inscripciones, llegando incluso a la cuarentena de solicitudes puntualmente.  Desde luego, los elementos que les hacen especialmente atractivos son: la calidad de los profesores y el carácter práctico de los mismos, su duración de tres semanas ( nada menos que 120 h.), y su largo recorrido por cuanto se vienen organizando desde hace veintiun años consecutivos. Ahora bien, el reconocimiento hacia los mismos, también viene muy avalado por el interés que despiertan en empresas y entidades distintas a la hora de seleccionar personal laboral o becarios para sus actividades de restauración y conservación de patrimonio.

Si bien la satisfacción de los alumnos participantes en nuestro principal medidor, los resultados alcanzados por las obras intervenidas es decisivo. Este año se han intervenido  cuarenta piezas, de las que treinta y siete se dan por finalizadas, dado que en alguna de ellas se trabaja en años consecutivos, dependiendo del daño que pudiera tener el bien,  y  en consecuencia,  de la entidad del trabajo a desarrollar para su conclusión. Es el caso de una capa pluvial del siglo XIX, de problemática tan importante, que necesita de varios cursos para su definitiva restauración. Lo mismo ocurre con algunos libros, que necesitan, cuando menos, de dos cursos diferentes, el de restauración de documento y de encuadernaciones, para su finalización.

A pesar de estas excepciones, las cuarenta piezas intervenidas en este año 2018, suman un total de 1.489 trabajos realizados desde el  comienzo de este plan de formación técnica, y de 1.527 participantes restauradores, procedentes de Aragón, y de otras comunidades autónomas, contribuyendo decisivamente a la adecuada proyección de Albarracín, reconociendo su inmejorable labor en restauración.

En concreto debemos destacar, entre otros, un lienzo de San Jerónimo del siglo XVIII; el retablo de San Juan, de la entrada a la catedral, con pintura sobre tablas del siglo XVI; Uno de los magníficos tapices de la serie expuesta en el museo diocesano (siglo XVI); el figle de latón siglo XIX de este mismo museo, o el relicario con un esmalte bizantino y dos crismeras de latón plateado; en encuadernaciones dos cantorales y un libro manuscrito con tinta china y grafito, con encuadernación de pergamino, mientras que en restauración de documento podríamos destacar un pasionario de 1504 y  un cuaderno de antífonas y misas de la catedral. En cualquier caso, son piezas restauradas en los siete cursos que se organizan, para atender la formación en materias diferentes, tales como pintura, metales, retablos, textil, encuadernaciones y documentos, además de la imprescindible conservación preventiva. Todo ello demuestra que se trabaja sobre bienes de gran interés, y muy necesitados de atención, cuya recuperación supone la sustancial mejora del rico patrimonio mueble de Albarracín.

 

 

Categoria: Agenda cultural
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