Se inaugura la Capilla del Pilar

La capilla del Pilar es la más importante de La Catedral. No sólo es la de mayor tamaño, sino  también la más suntuosa del monumento. Conserva su disposición y toda su dotación mueble original, creando una unidad estilística barroca, francamente sorprendente. Fue transformada y ampliada por el Obispo Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte, en el siglo XVIII, aunque fue su predecesor en el cargo, Jerónimo Salas Malo, quien impulsó su primera construcción, un siglo antes, por su gran devoción a la Virgen del Pilar.

Algún historiador la ha calificado como uno de los barrocos aragoneses de mayor definición, seguro, apoyado en su rotunda unidad estilística. Posee una pequeña nave cubierta en dos tramos con bóveda de lunetos, interrumpida por una gran cúpula sobre pechinas, instalada en su unión con el crucero, y que deja paso al impresionante retablo que preside la capilla. Los brazos del crucero conectan con la sacristía mayor de la catedral a la izquierda, y a la derecha, con una falsa puerta de acceso desde el ámbito de entrada a la catedral, por la plaza de la Seo. Se accede desde la nave central a través de una gran cristalera de reciente instalación, que cierra todo su espacio, calefactado para el culto diario, en una intervención previa.

En la nave se disponen cuatro retablos con grandes lienzos, alusivos en algún caso a las advocaciones de las capillas precedentes que fueron absorbidas en su reacomodación última. Se trata de los retablos de San Nicolás y San Ignacio de Loyola, y la Virgen de la Cinta, a la derecha, y San Pedro Arbués y San José a la izquierda. Son buenas pinturas tenebristas, de gran formato, y anónimas en principio, que quedan enmarcadas por una sencilla mazonería en arco, cuya madera ha sido cuidadosamente dorada, con oro bruñido a veces. Sus correspondientes mesas de altar ocupan la base de los retablos, con formas redondeadas y  decoradas con minuciosas cresterías y vegetales,  recubiertas en general con plata corlada, que ha perdido su aspecto dorado original.

En el crucero dos grandes lienzos de este mismo estilo tenebrista, alusivos a la aparición de la Virgen del Pilar, el de la derecha, y a la batalla de Clavijo, el de la izquierda, sobre sendas puertas de marquetería y doble hoja. Las pechinas sobre las que apoya la cúpula aparecen decoradas con motivos vegetales enmarcando retratos de santos diferentes, cuyos lienzos circulares se han sobrepuesto al muro con su restauración.  Curiosamente  en el exterior de la cúpula aparece grabada la posible fecha de su construcción, en 1655, lo que implica por tanto una clara reutilización dieciochesca en la reacomodación del Obispo Navarro.

Reforzada por el volumen de la cúpula y su luminosidad, es la grandiosidad de su retablo principal la que atrapa toda atención primera. Se trata de una magnífica pieza barroca,  que se acomodada perfectamente a la cabecera rehundida de la capilla, contando con un amplio cuerpo central, que se prolonga en sus muros laterales por sendas calles paralelas, y también en el arco superior que le cobija. Todo ello con una exuberante decoración a base de variados motivos vegetales, querubines y abundante rocalla, entre múltiples imágenes y relieves, alusivos a la vida de la Virgen.

Como no podía ser de otra manera, este retablo aparece presidido por una formidable talla de la Virgen del Pilar, parece ser, heredada del primitivo retablo que tuvo esta capilla un siglo antes. Está instalada bajo un copete sobredorado, en una hornacina con espejos que ratifica la intencionada teatralidad del bien, por el reflejo luminoso que provoca, potenciando el especial interés de esta imagen central, entre los dominantes dorados del conjunto del retablo. Esta arropada, a un lado y otro, con dos ángeles candelabro y las tallas de San Joaquín y Santa Ana. Si bien en la parte superior se localiza el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre los padres de la iglesia y los cuatro evangelistas, en las calles laterales merecen destacarse los relieves curvos de sendos relicarios, que representan la Muerte de San José y la Dormición de la Virgen, sobre los que se encuentran las hornacinas con las imágenes, casi a tamaño natural, de San Abdón y San Senén. La mesa de altar es similar a las de los retablos laterales, ya descritas.

El trabajo desarrollado en el conjunto de la capilla ha sido especialmente minucioso y costoso. Se han abarcado siete meses de continuo trabajo por parte de cinco técnicos del Centro de Restauración de la Fundación, que comenzaron con la atención de los cuatro retablos de la nave, para  dedicarse después el crucero y sus dos grandes lienzos, y finalizar con su retablo mayor. Si bien la limpieza fue la primera tarea concienzuda, la reintegración de policromías y volúmenes, después de la fijación de los restos originales, y el acabado final, son las tareas que, en general, recoge la intervención total. Ahora bien, la complejidad es mayor cuando a modo de ejemplo, se ha tenido que actuar en la totalidad de la moldura policromada que recorre el perímetro de la capilla, así como en los capiteles sobre los que apoya, dado su considerable deterioro, no perceptible en un primer chequeo. Con la limpieza general de la capilla, e incluso de la catedral en su conjunto, finalizaron las tareas programadas.

Es así como finaliza la restauración del conjunto de la Catedral y del Claustro de Albarracín, cuya obra fundamental se inauguró el pasado año, coincidiendo con los veinte años de la Fundación. Dada la entidad de los trabajos necesarios para completar la capilla del Pilar de este complejo, se decidió, con acierto, aplazar la intervención para este año.