Pez de cristal de roca del Museo Diocesano de Albarracín

Pez de cristal de roca del Museo Diocesano de Albarracín

A aquellos que hayan tenido la oportunidad de asistir a una de nuestras visitas guiadas más contratadas: Albarracín espacios y tesoros, sin duda les habrá llamado la atención esta excepcional pieza de orfebrería que podemos contemplar en el Museo Diocesano.

El singular pez de cristal de roca es una de las piezas más singulares del ajuar eclesiástico que perteneció a la Catedral de Albarracín y que conforma la exposición permanente del Museo situado en las dependencias nobles del Palacio Episcopal.

El espacio expositivo del museo incluye piezas de arte sacro pertenecientes a la antigua Diócesis de Albarracín, entre las que destacan la importante colección de tapices flamencos del siglo XVI, alhajas eclesiásticas de todo tipo, piezas de orfebrería o una colección de pintura, entre otros objetos.

A pesar de la riqueza y valor artístico y material de los objetos expuestos, el pez de cristal de roca destaca de forma notable respecto a los demás.

El inventario de bienes de la Catedral redactado en 1743 se refiere al pez de la siguiente manera: un barbo de cristal que dio el Señor Dean Agustin de Roa, con la boca de plata y el labio dorado, con quatro cerquillos, uno en la cola y otro en el cuello, con nueve perlas y nueve piedras coloradas, los otros de oro sin guarnición y dos alas de lo mismo.

Fue un regalo hecho a la Catedral hecho por el deán de la Catedral Agustín de Roa en el primer tercio del siglo XVIII, aunque no nos consta cómo lo adquirió el canónigo.

Por estudios y comparaciones con piezas similares sabemos que es obra renacentista tallada por un taller milanés a finales del siglo XVI y que originalmente estaba destinado a ser el ejuar doméstico de una familia noble que lo utilizaría como salero de mesa y que, tras ser regalado a la Catedral de Albarracín, cambió su función por la de naveta litúrgica.

El pez se talló en 4 piezas ensambladas con apliques de oro con esmaltes, perlas y piedras preciosas.

La boca es de plata sobredorada decorada a buril con motivos renacentistas. Las aletas (sólo se conserva una) estaban esmaltadas sobre oro.

Es destacada la labor de cincelado con gran detalle en la cola y la cabeza, así como las escamas del cuerpo. El pie o astil también está tallado y lo conforman dos delfines entrecruzados en una espiral helicoidal que une el cuerpo con la planta oval que sirve para sostener el conjunto, y que está profuamente decorada con borde dorado.