Curso de restauración textil en la Fundación Santa María de Albarracín

Restauración textil

El Curso de Conservación y Restauración de Tejidos del XVII Ciclo Formativo de la Fundación Santa María de Albarracín concluirá este mismo viernes tras dos semanas de trabajo intenso sobre varias piezas, entre ellas dos dalmáticas procedentes de Orihuela del Tremedal y dos estandartes procesionales de Albarracín.

El Curso de Conservación y Restauración de Tejidos del XVII Ciclo Formativo de la Fundación Santa María de Albarracín concluirá este mismo viernes tras dos semanas de trabajo intenso sobre varias piezas, entre ellas dos dalmáticas procedentes de Orihuela del Tremedal y dos estandartes procesionales de Albarracín.

Diez técnicos en restauración de toda España, algunos de ellos exalumnos de otros cursos impartidos por la Fundación en anteriores ediciones, han trabajado bajo la supervisión de la madrileña Estrella Sanz Domínguez, Licenciada en Bellas Artes y con la especialidad de restauración textil.

Sanz, que impartía el curso en Albarracín por vez primera, ha destacado la experiencia con “unos alumnos que aunque no eran especialistas en tejidos son titulados en restauración, lo que permite avanzar rápido, con unas buenas instalaciones y con piezas muy interesantes sobre las que actuar”.

Los trabajos de recuperación de algunas de estas piezas de tela ya habían comenzado en ediciones anteriores del curso, y continuarán en posteriores porque, como explica Estrella Sanz, “no se trata de trabajar a toda velocidad para restaurar el mayor número posible de piezas, sino de que todos los alumnos pasen por todos los trabajos y se vayan de aquí con unos conocimientos teóricos y prácticos concretos y de calidad”.

Las dos piezas más interesantes con las que han trabajado los diez alumnos del curso han sido dos dalmáticas, vestidura exterior eclesiástica de cortes rectos, a diferencia de las casullas que suelen ser redondeadas, procedentes de Orihuela del Tremedal.

Las dalmáticas son relativamente modernas, ya que Estrella Sanz dató los terciopelos que la conforman en el siglo XIX, aunque el verdadero tesoro que encierran son los bordados en hilo de oro que, por su composición, forma y técnica, podrían ser del siglo XVI.

La explicación de que una pieza de ropa pueda tener elementos con más de 300 años de diferencia hay que buscarla en el reaprovechamiento de algunas partes que se llevaba a cabo antiguamente, ya que era práctica común aprovechar unos bordados de calidad y coserlos sobre una dalmática nueva cuando la original sufría un deterioro importante.

Además de algunas partes de la preciosa decoración de los bordados y de los terciopelos de la prenda, ésta incorpora un forro interior cuyo deterioro también ha requerido una buena cantidad de trabajo.

Dichas dalmáticas fueron llevadas al Centro de Restauración que gestiona la Fundación Santa María de Albarracín por la Cofradía Virgen del Tremedal de Orihuela. “Hace varios años que trabajamos con ellas y poco a poco las estamos recuperando por completo”, explica el gerente de la Fundación, Antonio Jiménez, quien recuerda que hace varios años “se restauró una capa pluvial procedente también de Orihuela, que seguramente formaba una especie de dote religiosa completa junto a estas dalmáticas”.

Algo más modernas, de finales del XIX o principios del XX, son otras dos de las piezas con las que han trabajado los diez alumnos del curso en Albarracín. Se trata de dos estandartes de los dos patronos de la localidad, el Cristo de la Vega y la Virgen de Santa María, que se sacan en procesión. Son piezas más modernas pero elaboradas con sedas de gran calidad que tienden a abrirse y quebrarse con facilidad.

“Es un problema de uso”, apunta Jiménez. “Son estandartes con perfiles irregulares en su parte inferior, y al agarrarlos del palo muchas veces se coge algo de tela, provocando que el textil se someta a tensiones que terminan abriendo las fibras”.

El trabajo llevado a cabo por los alumnos con todos los textiles ha sido sorprendentemente minucioso, hasta el punto de tener que teñir pequeños hilos de seda, para recoser pequeños desperfectos y afianzarlos, o utilizar agujas curvas para que la mano del restaurador no roce la tela original deteriorándola.

A tal punto llega la delicadeza del trabajo y el respeto por la técnica de cosido de cada época y elemento, que los restauradores practican varios minutos con telas sin valor para calentar antes de atacar el textil a restaurar.

Categoria: Agenda cultural Noticias
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