Intervenimos en una Celda del Convento de Mirambel (Maestrazgo)

Hace algunos años se descubrieron interesantes pinturas murales en algunas de las celdas de este convento de Mirambel, cuya remodelación previa ha sido promovida por el Ayuntamiento de la localidad. La existencia de estas pinturas provocó el interés de los responsables locales por el rescate de las mismas, que está llevando a cabo el Centro de Restauración de la Fundación, con el patrocinio de la Dirección General de Cultura y Patrimonio  del Gobierno de Aragón.

Después de algunos sondeos previos que ya realizó este Centro de Restauración, las huellas más interesantes y antiguas se localizan en las dos celdas más importantes del complejo, tanto en la celda de la madres superiora, como en la denominada celda de castigo, al fundo de un largo corredor de habitaciones dispuestas a uno y otro lado del pasillo de acceso, cuyo dispositivo se localiza justo encima de la interesante iglesia conventual.  Son grisallas del siglo XVI, ampliamente extendidas sobre todo, en la que han considerado celda de castigo, ya mencionada. Sobre estas decoraciones aparecen otras, más coloristas, del siglo XVIII, también más deterioradas, por los repintes sucesivos que han tenido estos sobrios espacios, que se podrían corresponder también con algunas líneas  que recorren la parte alta del pasillo de acceso.

Uno de las celdas de mayor interés es la de la madre superiora, en la que su espacio aparece compartimentado por tres habitáculos interconectados a modo de alcoba tradicional, donde podrían dormir la madre y su asistente, con una zona de estar común. Se da la circunstancia que el espacio asistencial conecta a su vez con el mirador cerrado con la típica celosía geométrica que se superpone al portal de las monjas exteriormente, y que constituye la foto más característica de Mirambel.

En concreto, es en el espacio compartido donde han aparecido restos policromados del siglo XVI. Muy bien conservados los que se corresponden con una hornacina que quedo cerrada preservando estas pinturas, que tienen continuidad a uno y otro lado del hueco, imitando la mazonería de un retablo, pero ya mas deteriorados por los niveles superpuestos. Se trata de una crucifixión en grisallas, en la que la Virgen y San Juan enmarcan al cristo crucificado en el centro. Especialmente degradados aparecen, los restos policromados y coloristas superpuestos, posiblemente del siglo XVIII, siempre en un ámbito muy austero, y sobrio, como debía corresponderse a la Orden de las Agustinas. Son espacios muy sencillos con pavimentos y muros de yeso en general, en los que estas policromías marcan el único hecho diferenciador.

El proyecto de restauración integral de la celda de la madre superiora está previsto que finalice antes de concluir el año. En ella están trabajando tres técnicos: dos restauradores y un albañil especializado, por un periodo estimado en un mes y medio aproximadamente.