Se inicia la conservación preventiva de los tapices del Museo

Una de las piezas más destacas del Museo Diocesano de Albarracín es la extraordinaria colección de tapices flamencos, del siglo XVI, cuyo proceso de conservación se ha iniciado con el Curso de Restauración de Textiles. Se trata de una importante colección de seis tapices de grandes proporciones, de los ocho que debía constituir la serie completa, que van relatado la historia de bíblica Gedeón, y que está elaborados en lana y seda natural.

Como aparece indicado en los propios tapices, proceden del Condado de Bramante (Bruselas), donde, en concreto, fueron fabricados en el taller de los Geubels. El obispo Vicente Roca de la Serna, a principios  del siglo XVII, los dona a la Catedral, cuyo cabildo se los regala a su vez a otro obispo por su decidida implicación en la construcción de la capilla del Pilar de la Catedral, en el posterior siglo XVIII. En la actualidad están expuestos en las salas del museo diocesano, que por encontrarse ubicado en el antiguo Palacio Episcopal, sería donde posiblemente estuvieron colocados con anterioridad, precisamente por esta donación última.

Aunque en apariencia el estado de conservación es bueno, y adecuado el sistema de colocación expositiva, un análisis minucioso de estos grandes textiles, demuestran que es muy necesaria la intervención en conservación para garantizar su futuro. La colocación de los forros, a veces parcial, y las tensiones que de ellos se derivan, los relais producidos en las juntas de algunos cambios de color, y sobre todo el polvo acumulado con el tiempo, necesitan ser corregidos mientras se plantea una profunda restauración de los bienes. En este proceso, se ha comprobado además como el orillo del tapiz intervenido en primer lugar, tiene pérdidas de tejido, teniendo que realizar una consolidación puntual con un soporte de tono adecuado.

Por otra parte, se han realizado las pertinentes labores de conservación para el adecuado almacenamiento de las dalmáticas de Orihuela (S. XVI), restauradas con anterioridad, con la elaboración de perchas  y fundas adaptadas a las necesidades de estas piezas.

Por último, también se ha iniciado la restauración de dos piezas litúrgicas de la catedral: Una casulla  del siglo XVIII, y una capa pluvial realizada en “la fabrica de José Ramón Bonell, en 1858, en Valencia”, como se lee en el tejido bajo el capillo. Claro está que previamente se ha realizado un estudio detallado  de su estado de conservación, histórico y estilístico para poder afrontar con garantías estas intervenciones.

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