Se inician los trabajos de restauración del Claustro.

 

Estos trabajos se centran muy especialmente en la eliminación de humedades y saneamiento general de sus corredores, así como en la limpieza del patio interior. En una primera fase se pretende afianzar y repintar el recubrimiento superficial del yeso, muy afectado por las filtraciones de los tejados, y en las zonas bajas por por las humedades del patio interior. Los trabajos pretenden concluirse en un par de meses, con los que quedará saneado uno de los elementos definitorios del complejo patrimonial de la catedral.

Estos repicados primeros han permitido comprobar la policromía que pudo tener este espacio en el siglo XVIII. Como en la catedral, y siguiendo la fisonomía general del actual claustro, se plantea, en principio, acabarlo como pudo estar en esta época. Como manifiestas las catas realizadas, se observa un despiece en color del  yeso rojo, con entrelineado negro, en un alto zócalo corrido, similar a los rosáceos que aparecen recubriendo los elementos más destacados de sus bóvedas.

Bajo este acabado dieciochesco, y por tanto bajo una gruesa capa de enlucidos, se halló   lo que pudo ser la expresión original del claustro, cuya construcción,  como en la catedral contigua,  corresponde al siglo XVI. Es un fragmento del despiece clásico en tonalidades grisáceas y muy deterioradas, sincrónico quizás  a los arcos apuntados y con celosía de ladrillo que se halló en  su primer saneamiento realizado con la escuela taller de Albarracín, hace más de veinte años. Fue en este momento cuando, por otra parte,  se repintó un zócalo gris del mismo tono que los elementos arquitectónicos de las bóvedas.

En general se trata de un claustro cerrado, quizás por el frío, cubierto en tramos por bóvedas de lunetos, que se trasforman en bóvedas de arista en los cuatro ángulos. Los paramentos interiores están abiertos por óculos sucesivos, cerrados con alabastro, e insertados en los arcos apuntados ya mencionados. Bajo esta alineación de óculos se proyecta un gran moldura  que paralelamente se desarrolla a ambos lados de los corredores. Cuenta con un sobrio patio interior, en el que se disponen, alternativamente, los arcos con óculos, entre pequeños contrafuertes, y con un aljibe central que recogía las aguas de lluvia de sus tejados.

Además de dos retablos del siglo XVII, cuenta con un importante vía crucis de 15 estaciones, y con las puertas de acceso a las capillas contiguas a la Catedral, y al Palacio  Episcopal, como elementos muebles más destacados, correspondientes a la primera fase edificatoria en estos últimos casos.

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