Se rescata la muralla más deteriorada de Albarracín.

Con los últimos 20 metros lineales de muralla restaurada, de hasta 10 metros de altura, se perfila con claridad el desarrollo de estos muros defensivos del medievo. Desde el año 2010 se viene interviniendo en esta muralla inferior, en los tramos que van desde la catedral hasta el acceso a la torre Blanca, cuyo sector último se acaba de concluir. Como es lógico, la intervención queda definida por las disponibilidades económicas para su restauración, cuya financiación corre a cargo de la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Aragón, siempre ejecutada por el Centro de Restauración de la Fundación Santa María de Albarracín.

Han sido un total de cinco años de intervenciones sucesivas, en avances de pequeños tramos de muralla encadenada anualmente, y en zonas de gran deterioro, en las que apenas se visualizaba su disposición, por estar semienterrada, y cubierta de vegetación. Han sido un total de 208 metros de configuración total de muros a partir de los escasos restos que aparecían ocultos, degradados, y en los niveles más inferiores de lo que pudieron ser los muros defensivos originales, a veces de casi dos metros de anchura, siempre superpuestos a la roca alta, en el escarpe que desarrolla el encajamiento del río. Se va acomodando a la  roca, formando puntualmente profundos ángulos, en atención a la disposición de la misma. También suele aparecer con el lado exterior muy degradado, por estar más afectado por los procesos erosivos.

Los muros que miran hacia el río tanto en el aparcamiento de san Juan, como en el existente bajo el Castillo, corresponden a la muralla recién restaurada, en sustitución, sobre todo en el primero de éllos, de un seto vegetal que desde luego contribuyó a su deterioro. Esos muros se prolongan hacia la torre Blanca, después de las dos últimas intervenciones, con rotundos pliegues originados por su acomodación a la disposición  de la roca sobre la que se asientan. Su continuidad queda truncada por los maltrechos restos de los muros originales, que acaban conectando con una rotunda muralla, de grandes proporciones, entorno a la bajada a la denominada huerta vieja, inmediata al flanco derecho de la gran ballesta del río Guadalaviar. Evidentemente es este importante tramo el que debería darle continuidad a esta intervención presentada.

Los restos arqueológicos mas importantes se han registrado en el único torreón circular que tiene todo este trayecto, localizado bajo el castillo,  en el que se ven diferentes etapas constructivas en su interior, que dan pautas de incluso la existencia de un torreón cuadrado previo. Junto al museo  y en el último tramo restaurado , en el acceso a la torre blanca, han aparecido también algunos restos de desagües y muros de edificaciones medievales, en el primero de los ámbitos; y más modernas en el segundo, donde se ha encontrado un trujal, con algunos elementos cerámicos y de vidrio que pudieran pertenecer al siglo XVIII, embutido en la misma muralla.

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