Se restaura un nuevo tramo de la muralla de Albarracín.

El equipo de albañilería del Centro de restauración de la Fundación, acaba de terminar la restauración de un nuevo tramo de muralla. Se han abordado nueve metros liniales, a sumar a los ya realizados en las anualidades precedentes, de manera que hablamos en su conjunto de unos 509 metros de ejecución total, siempre promovidos por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón.

Este último tramo corresponde al proyecto aprobado en el año 2015, que se ha ido completando hasta la actualidad, en tramos anuales de 20, 10 y 9 metros respectivamente, en función de la disponibilidad económica de cada uno de los ejercicios. En general, se corresponde con la restauración del sector que va desde la puerta del cementerio hasta la torre Blanca. Con anterioridad se pudo intervenir desde la catedral al museo de Albarracín, y muy notorio, el tramo que se ejecutó desde la museo al ya mencionado acceso al cementerio.

Especialmente complicada viene siendo esta actuación, dado el gran deterioro que presenta el bien, al encontrarse como muro de contención de tierras y escombros históricos, bajo una gran maraña vegetal. De manera que se han realizado sus respectivas excavaciones arqueológicas previas, hasta encontrar la muralla original, de 1.30 metros de espesor, que, en primer lugar, debe protegerse para evitar el deterioro futuro. A partir de esta protección, se sobreelevan 80 centímetros de muro, según la anchura traída desde las intervenciones anteriores, garantizando la lectura clara del recorrido murado original. Todo ello con los morteros de cal y los materiales calizos del territorio. En toda la intervención se ha constatado el gran deterioro de la estructura exterior de la fortaleza ( la cara del muro que da al río), con importante riesgo de desprendimiento de las piedras sueltas, y su consecuente caída al paseo fluvial que transcurre por el fondo del meandro. Hemos de recordar que su recorrido viene marcado por el escarpe de este meandro encajado por el río Guadalaviar, en cuya estrecha plataforma se situó la medina medieval de Santa María de los Banu-Razín.

En su origen debió ser la muralla que protegió este primer emplazamiento musulmán de Albarracín, aunque dados los restos, seguramente se corresponde con la intervenciones y refuerzos, ya del periodo cristiano posterior. En la Edad Media se tiene constancia de la intervención de 1251, y la desarrollado a partir de 1384 por Pedro IV de Aragón, aunque seguro que estas intervenciones se han sucedido en diferentes periodos posteriores hasta su actual restauración. En cualquier caso, uno de los bienes más visuales de Albarracín es precisamente esta muralla en su conexión con la torre del Andador, hacia el norte de la ciudad.