Se termina la restauración exterior de la ermita del Carmen

Durante tres meses consecutivos el grupo de albañilería de restauración ha trabajado en el exterior de la ermita del Carmen hasta su terminación definitiva, en estos últimos días del mes de septiembre. La pieza fundamental de intervención ha sido su cubierta, aunque también se han saneado los muros de cerramiento exterior, atendiendo, por último,  el drenaje perimetral de la construcción.

Sin duda alguna, ha sido el tejado la pieza que más atención ha requerido. Su gran deterioro ha facilitado la constante filtración de las aguas de lluvia y el consiguiente daño interior del monumento, sobre todo de sus decoraciones murales. Se han sustituido muchas de las tablas sobre las que apoya la teja, reponiendo,  prácticamente en todo el volumen,  las tejas que configuran los ríos, muchas de las cuales se encontraban fragmentadas y desplazadas de su disposición original por la propia pendiente del tejado. Estos trabajos han sido complejos por los distintos niveles que posee este tejado en poco espacio, con uniones y pendientes diferentes,  que podrían corresponderse con algunas ampliaciones del edificio primero, que también posee  una pequeña cúpula  cubierta a cuatro aguas.

Sin embargo, ha sido el atrio el elemento más deteriorado que nos hemos encontrado, con un considerable desplazamiento del monumento principal, que ya debió causar algunos problemas de mantenimiento con anterioridad. Además de amarrarse de nuevo al cuerpo contiguo de la nave, se sustituyó alguna de las vigas maestras, y prácticamente toda su tablazón. Se le ha colocado  tejado al chapitel del pequeño campanario, y  se ha vuelto a rejuntar toda la mampostería caliza  de su muros exteriores, con el habitual mortero de cal, recuperando la semblanza saneada que pudo tener. También se han tratado las maderas y el alero exterior. La veleta de forja fue restaurada en el curso de restauración de metales.

Por su salubre aspecto, parece una ermita nueva, en la que también se debería intervenir en una fase posterior, hasta recuperar su original semblanza interior; de este modo, Así se daría por finalizada  su necesaria restauración integral. Hemos de recordar que se trata de una ermita del siglo XVIII, instalada en uno de los miradores más excepcionales del entorno de Albarracín, que constituye uno de los elementos patrimoniales más visibles, del escarpado rocoso que circunda la ciudad.