Veinte años son veinte años

Son ya 20 años, 26 si contemplamos los proyectos previos de Escuelas-Taller. Sí, sí, es verdad, no hemos parado de trabajar, y además, de qué manera, pero hay que decirlo: estamos muy satisfechos con los resultados alcanzados, y por el cómo se han logrado. Debe ser la grata sensación del deber bien cumplido, dejándonos llevar por las metas conseguidas y superadas. Puestos a analizar, ahí están los resultados.

Como es lógico pensar, han sido 20 años de dificultades, de agravios, zancadillas, sinsabores, pero también de aprendizaje, de gratitudes y felicitaciones, de apoyos y reconocimientos, de amistades y disfrutes. Ni más ni menos que como suelen desenvolverse los proyectos de vida, y la propia vida en general. Quizá por tratarse del positivo devenir de nuestro pueblo, algún día debamos recoger la experiencia que nos ha llevado hasta hoy, ateniendo, por otra parte, las muchas voces que así nos lo solicitan.

Hace 20 años nadie daba un euro por nosotros (un duro entonces). Hoy somos un ejemplo a seguir, por crear entre otras razones, una herramienta que puede solucionar el genérico problema de la gestión integral del patrimonio, cuando lo hay. Nos adelantamos incluso al término. Entonces ni se hablaba de la necesaria gestión del patrimonio, y mucho menos de una forma integrada. Como mucho se hablaba, en círculos profesionales claro, de restauración preferentemente arquitectónica. Y todo ello sin crear bullicio, y con tan sólo la fuerza del trabajo realizado.

Después de 20 años Albarracín y su Fundación casi son lo mismo. Un buen amigo me decía: ¿Podríamos entender Albarracín hoy sin su Fundación? Seguramente sí, pero como en muchos otros lugares, posiblemente no tendría la rúbrica del buen hacer del que hoy podemos presumir los Albarracinenses. Si en algo nos diferenciamos es en el acertado criterio con el que se han sucedido las intervenciones públicas en general, y muchas de las privadas también, dibujando un paisaje de gran calidad cultural. Evidentemente no todo está hecho, y mucho menos para siempre. Los ajustes en el método y el celo por seguirlo, siempre deben estar presentes.

Después de 20 años, la cultura también es la razón de ser de Albarracín. La inyección cultural en los bienes rehabilitados con esa misma finalidad, garantizando siempre una magnifica atención, nos permite calificar el Albarracín actual como una destacada Ciudad Cultural. Por aquí pasan pintores, músicos, ilustradores y diseñadores, fotógrafos y periodistas, historiadores y naturalistas, médicos y empresarios, juristas y profesores distintos, etc. Esta es otra de las singularidades a reseñar de la labor fundacional.

Después de 20 años podemos decir que este nuevo Albarracín ha sido posible gracias a un Patronato convencido, que ha facilitado los recursos económicos necesarios de naturaleza pública sobre todo, pero también privada; gracias igualmente a un equipo de trabajo aplicadísimo y profesional; gracias a un método de actuación sosegado, lógico y progresivo; gracias por supuesto, al inestimable apoyo de mucha gente, personas de dentro y fuera de Albarracín.Gracias, gracias y mil gracias a todos.

Después de 20 años podemos celebrarlo. La restauración de la Catedral culmina el trabajo de estas dos décadas, y de la mejor manera nos anima a avanzar hacia los próximos 20 años. Pero todo no está hecho, quizá ni siquiera afianzado.

Albarracín, nuestra tierra, es merecedora de este cuño distintivo.

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